Visita a las ruinas del porvenir

A nueve meses del anuncio del proceso de restablecimiento de relaciones diplomáticas entres Estados Unidos y Cuba el asunto sigue en las agendas de los gabinetes de los gobiernos de los principales países del mundo. Y el anecdotario, las crónicas, las reseñas y las opiniones que genera el acontecimiento se mantienen en las páginas de los medios de comunicación más importantes. La dictadura, entretanto, aprovecha para peinarse y sacar cuentas.

De esa realidad, aparte del júbilo, los reconcomios, las sospechas, las esperanzas, la frustración, y las desesperación por irse a Miami de grandes sectores de la población, trasciende una imagen del país, favorecida por la propaganda, que ha abierto una arista insólita del turismo y ha puesto de moda visitar las ruinas del socialismo y escuchar como narran los protagonistas, en primera persona, las aventuras del fracaso mientras el viajero se bebe un mojito.

Ilusiones bloqueadas

Hillary Clinton, la precandidata presidencial demócrata, en el que afirmó que es la hora de levantar el embargo de Estados Unidos a Cuba, le faltó el detalle de utilizar la misma energía para exigirle al Gobierno cubano, el buen vecino con recién estrenadas relaciones diplomáticas, que levante el bloqueo a las libertades de los ciudadanos cubanos y ponga fin a la represión contra la oposición pacífica.

Las palabras de la ex secretaria de Estado en la Universidad Internacional de Florida y su proyecto de comprometerse con la ampliación de los contactos con el castrismo si llega a la presidencia es materia exclusiva de la soberanía de Estados Unidos y su manera de manejar las relaciones con otros países. El problema es que hay zonas de su intervención que están claramente en la categoría de ficción política o de un desconocimiento importante de cómo funciona la dictadura. Un ejemplo es la afirmación de que sólo el contacto directo entre estadounidenses y cubanos puede mejorar la situación de los derechos humanos en la isla comunista.

Fiesta cerrada

La reapertura de embajadas en Washington y La Habana anunciada para dentro de pocos días y después de 53 años de una candanga de todos los colores y temperaturas ha creado una ilusión de cambios del gobierno cubano de la misma dimensión que tendrá el desengaño. Lo sabe la oposición cubana que ha vivido el proceso de acercamiento, desde diciembre pasado hasta el día de hoy, bajo una represión renovada y feroz que incluye cárcel, golpizas, allanamientos de viviendas y mítines de repudio.

A partir de esa experiencia, los demócratas, los periodistas independientes, los artistas libres y la sociedad civil tienen una posición de aprobación crítica ante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas. Es así, entre otras cosas, porque mientras Estados Unidos anuncia medidas de aperturas económicas de todo tipo y una convivencia pacífica con el régimen, los jefes de la dictadura hacen tan fogosa la violencia interna como el cariño por el antiguo enemigo.

El nuevo panorama cubano

'Los cubanos están solos. Deberán, pues, diseñar alguna forma sensata y pacífica de tratar de recobrar la libertad frente a una dictadura empeñada en negarles la sal y el agua.'

Este 26 de julio es diferente. La dictadura de Raúl Castro estrena una nueva relación con Estados Unidos. La Habana ha derrotado totalmente a Washington. Obama ha levantado los brazos y lo ha entregado todo sin pedir nada a cambio. 

Como repiten los personeros del castrismo, una y otra vez, el pequeño David ha liquidado, finalmente, al gigante Goliat, sin hacer una sola concesión.

Las cárceles siguen llenas de disidentes, continúan aporreando a las Damas de Blanco, no hay el menor espacio para expresarse públicamente contra ese estado de cosas, y mucho menos para formar partidos diferentes al comunista. Lo dijo Fidel y lo cumplió: "Primero la Isla se hundirá en el mar antes que abandonar el marxismo-leninismo".

Políticos, analistas y exiliados opinan sobre la apertura de las embajadas

No augura nada bueno 'para los derechos humanos y el legado de Obama', dice Frank Calzón, director ejecutivo del Centro para una Cuba Libre.

Jeb Bush, exgobernador de Florida y aspirante a la candidatura republicana a la Casa Blanca:

Aseguró este miércoles que la reapertura de embajadas en La Habana y Washington solo legitima "aún más el régimen brutal de Castro".

"Me opongo a la decisión de abrazar aún más el régimen de Castro con la apertura de una Embajada en La Habana", afirmó Bush en un comunicado en el que utiliza la fiesta del 4 de julio, Día de la Independencia de Estados Unidos, para atacar la apertura de las legaciones.

El desafío de Kerry en Cuba

Si el Secretario de Estado, John Kerry, habla en serio cuando afirma que Estados Unidos no abandonará su compromiso con la lucha por la democracia y los derechos humanos en Cuba, lo menos que podría hacer es lo siguiente: invitar a los disidentes cubanos a la ceremonia de izamiento de la bandera estadounidense en la embajada de Washington en La Habana que él mismo presidirá el 14 de agosto.

Suena como un gesto trivial, pero no lo es. La dictadura de Cuba -sí, incluso quienes no nos oponemos al restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos países debemos llamar al gobierno cubano por lo que es- se niega a tener contacto directo o incluso participar en eventos con asistencia de opositores pacíficos.

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