Pachanga con sambenito

Madrid – Los políticos y la gente que ejerce el poder por otras vías pueden airear unas fórmulas mágicas que consiguen desdibujar o transformar de repente una realidad y alteran o pretender alterar la identidad de los individuos o de sectores sociales que viven bajo sus dominios. Esas recetas misteriosas van siempre ocultas en las solapas de los trajes o en los almidonados bolsillos de las guayaberas y, en el caso de los dictadores militares, en el fondo de las chaquetas de los uniformes y en las fundas de las pistolas.

En Cuba, donde el régimen abolió el asombro en materia política y congeló el escenario con medidas represivas y la muerte de la prensa libre, estalló ahora uno de esos procedimientos sorpresivos con el anuncio del acuerdo para el restablecimiento de relaciones diplomáticas trabajado en secreto durante meses por representantes de Barack Obama y de Raúl Castro.

Compañeros del norte

EL PROCESO de restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos que comenzó a cerrarse ayer en La Habana después de medio siglo de enfrentamientos, deja a un importante sector de la oposición pacífica como enemigos acosados y peligrosos en la misma cuneta represiva que les impone la dictadura. Ahora con el añadido de ser la única fuerza antiimperialista del escenario cubano. Se trata de un grupo de opositores donde aparecen, entre otros, el líder disidente Antonio Rodiles, la representante de las Damas de Blanco, Berta Soler, el Premio Sajarov Guillermo Fariñas, una decena de ex presos políticos y otras figuras de la sociedad civil y del periodismo independiente. Ellos rechazan el acuerdo entre Barack Obama y Raúl Castro porque se suscribió en secreto, de espaldas a la sociedad cubana, y su guión original indica que beneficiará sólo al castrismo que, con las aperturas comerciales de los estadounidenses, podrá fortalecerse y aumentar su labor de persecución a los demócratas.

Tania y la plaza vacía

EL GOBIERNO de Cuba dio la bienvenida al año 2015 con una demostración de apego a su vocación represiva, una hazaña proletaria que llevó en pocas horas a los calabozos a decenas de activistas pacíficos, artistas y reporteros. Su inmovilismo y la demagogia en sus anuncios de cambios en la sociedad le acompañan también en esta nueva etapa. Lo único nuevo es que ahora, para el castrismo, el brutal imperialismo yanqui es, como vaticinó el camarada Mao, un tigre de papel. Lo que es mejor: un tigre de papel moneda.

Desde el pasado 17 de diciembre, cuando se hizo público que Barack Obama y Raúl Castro restablecerían las relaciones diplomáticas, comenzó a circular, dentro y fuera del territorio cubano, la opinión de que el régimen moderaría su tratamiento a los opositores, las Damas de Blanco y el periodismo independiente.

'Un tema que siempre incluimos'

Estados Unidos y los gobiernos del mundo deberían saber que sin que emerja toda la verdad acerca de las atrocidades cometidas por el Gobierno cubano, no habrá democracia ni estabilidad real en la Isla

He estado solo doce horas en Washington, DC. El tiempo justo para asistir a la amable invitación hecha por el senador Marco Rubio para presenciar el discurso del presidente Barack Obama sobre el estado de la Unión.

Es invierno en DC, pero el atardecer incendiaba sus siluetas monumentales, regalándole un perfil cálido a la capital. Ya en el Capitolio pude conversar con varios senadores demócratas y republicanos, todos interesados en escuchar sobre el tema cubano. Los puntos siguen siendo elementales:

Harapos de marca

La oposición pacífica, los ex presos políticos y las Damas de Banco no están invitados a los festejos por el anuncio de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Ellos tampoco tienen embullo para asistir. Nadie se puede divertir acosado por la policía y, además, saben que las celebraciones, con toda su resonancia internacional, es otra repartición de pizzas y cervezas amenizada por un combo del Ministerio de Cultura que el gobierno organiza para ganar tiempo, recibir dinero y permanecer en el poder.

Metáfora de galera

MADRID – Están equivocados los rimbombantes aguafiestas que dentro y fuera de Cuba afirman que la oposición pacífica y los activistas de derechos humanos no han tenido ninguna participación en las negociaciones entre el régimen castrista y el gobierno de Barack Obama. Los cubanos que trabajan de frente a la dictadura todos los días aportaron a esa mesa de diálogos secretos una presencia capital: los presos políticos.

Es verdad que no se tuvo en cuenta la opinión de ninguno de los dirigentes de los grupos opositores, las Damas de Blanco, la incipiente sociedad civil o del exilio, pero en las conversaciones clandestinas sostenidas en Canadá entre los representantes de los dos gobiernos, los prisioneros regados por las 300 cárceles de Cuba fueron una cifra muda y antojadiza (53) que redondearía los acuerdos sobre el intercambio del subcontratista Alan Gross y los espías cubanos condenados en Estados Unidos.