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Europa inventa un santuario

Aquí no cambia nada. La buena noticia es que tenemos un dictador menos porque Raúl es un dictador igual que Fidel.

Berta Soler

De todos los panegíricos, hagiografías, opiniones, críticas, comentarios y vaticinios que he leído en los últimos días sobre la muerte de Fidel Castro y el porvenir que le espera a Cuba detrás de la roca donde lo enterraron, me quedo con una observación que hizo enseguida Berta Soler en La Habana: “Aquí no cambia nada. La buena noticia es que tenemos un dictador menos porque Raúl es un dictador igual que Fidel”.

A la portavoz de las Damas de Blanco la asisten, a la hora de hablar del tema, quince años de experiencia de batallas en la calle y el sueño de los cambios reales y la libertad de su país, compartido con todos los grupos de la oposición pacífica, el periodismo independiente y los artistas libres.

La señora Soler y las mujeres cubanas que representa tienen ese solo compromiso y, en ese camino, han recibido siempre la violencia de la represión, golpizas arrestos, insultos, mítines de repudio, allanamientos de sus viviendas y persecución a la familia.

Su opinión es cortante y dura y se distancia ostensiblemente de la catarata de altares y sitios en la historia que se apresuraron a preparar para Castro la mayoría de las figuras que en Europa, y otras partes del mundo, se presentan como los paladines de la democracia, los derechos humanos y el progreso.

A las firmas obligadas de la izquierda de champán y caviar, se han unido en coro entusiasmado funcionarios de la Unión Europea que, al finalizar los nueve días de luto oficial, anunció que levantará la Posición Común y dará su visto bueno para comerciar con La Habana. Esa política, impuesta hace 20 años, exigía a Cuba respeto a los derechos humanos y avances democráticos para negociar.

En la antología de artículos y declaraciones realizada en Europa sobre Fidel Castro, la más chapucera y cederista ha sido la de la ministra francesa de Ecología, la socialista Ségolène Royal, enviada oficial a los funerales. Dijo que el dictador fue un monumento de la historia y que gracias a él “los cubanos recuperaron su territorio, su vida y su destino”.

La ministra francesa debe de hablar del destino de los funcionarios que la acompañaron a darle el pésame al gobierno porque los cubanos que están en la calle empobrecidos, vigilados, reprimidos o con una balsa escondida en un patio pueden tener una cierta confusión sobre su territorio y su porvenir.

Aquí no cambia nada, dijo Berta Soler, porque la vida le confirma todos los días que la dictadura no quiere cambiar.


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