Mientras los expertos con instrucciones, ingenuos o profesionales honestos con talento para especular, se centraban en el nombramiento de Miguel Díaz Canel como vicepresidente y nuevo delfín de la familia, la oposición se fusionaba en la Unión Patriótica de Cuba dirigida por los presos de la Primavera Negra José Daniel Ferrer y Félix Navarro y por Guillermo Fariñas, premio Sajarov del Parlamento Europeo en 2010.
La coalición aspira a convertirse en una organización de masas en la que los ciudadanos puedan actuar con efectividad fuera de las campañas aperturistas que el régimen prepara para el exterior.
La designación de Díaz Canel, de 52 años, es un gesto teatral. No es la edad lo que determina la vocación liberadora de un político y, si la tuviera, el espacio que le han dado para realizar sus piruetas es mínimo rodeado como está de los carcamales que se cambian de sillas y con siete militares de alto rango entre los 31 integrantes del Consejo de Estado.
Su aparición en la cúpula ha hecho que los cubanos recuerden levemente a otros dos delfines espabilados, Carlos Lage y Felipe Pérez Roque, que fueron del Mercedes Benz a lo que allí llaman el plan pijama, es decir, a la casa a ver como pasa la vida.
Hay una intención decorativa también en la investidura de Esteban Lazo como presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular. La presencia de Lazo, un jovenzuelo de 70 años, de la raza negra, en ese cargo tiene el propósito de rebajar la tensión en los graves problemas raciales que hay en el país que se solucionan con educación y no con leyes revolucionarias.
Propaganda y calmantes para afianzar el modelo totalitario. La alianza opositora responde con un llamado a la unidad porque cree que los cambios reales llegarán desde las bases de la sociedad.







Listado por provincia de las Damas de Blanco detenidas, el domingo 7 de abril, cuando se dirigían a iglesias.